Aquella señora se paró frente al mostrador y la indecisión que tenia al elegir su menú, era superior al momento de decidir que carrera quería estudiar.  El pobre niño de la gorrita sonreía forzadamente, pero en sus ojos se adivinaban las ganas de ahorcarla. No era el único impaciente.

Respiré profundo, después de diez minutos que me parecieron una eternidad por fin la señora se decidió. Yo pedí dos McTríos, uno sin pepinillos. Pagué, esperé lo que ordené y me entregaron dos hamburguesas tibias. Vale madres. Y encima con pepinillos. Fui a reclamarle al gerente, el cual argumento que no venia indicado en la orden, a lo que rematé con “lo único que me reconforta es que nunca serás el empleado del mes”. Andrea intuyó que no fui precisamente a felicitarlo. “¡Guillermo, te pasas”, me acarició la mejilla, “pero me encanta lo gruñón”. Quité los pepinillos y miré con desgano la miserable hamburguesa que duraba tres bocados. “Ya quita esa cara”, sugirió Andrea. “No sé cómo te encanta venir a este pinche lugar”, reclamé aunque con tono relajado. “Cálmate, no todo en la vida son cortes de carne, niño exquisito, ademas así ahorramos un poco” Ambos reímos. Esa mujer me encanto durante un tiempo fugaz; pero que pareció una eternidad, aunque comiera lo que fuera  y no entendía que el comer es mas que satisfacer una necesidad. Cuando la conocí era una niña de 22 años y yo me resistía a sus encantos con un argumento bastante valido “estoy saliendo de una relación muy conflictiva, que existen personas dañadas y yo, no creo estar preparado para enamorarme”. A Andrea no le importó: “me conformo con lo que me quieras dar” y soltó una frase, que dio escalofrío, “si un día te enamoras de mí seré la mujer más feliz del mundo”.

Con ella recuperé al niño que siempre quise ser y que por motivos de la vida siempre termino perdiendo. Pasábamos horas jugando Resident Evil 4 y con jugando me refiero a que no se cansaba de verme jugar, repitiera el nivel 12 veces, y siempre se reía cuando gritaba con cólera “Pinches zombies”  Me reveló la magia de los museos, en como se organizan las secciones. Me dedicó al oído una canción en español y hasta hace un par de años tenia una hoja de su cuaderno en el cual escribió con la premisa de que “hace años escribí esto, para mí y otra para el hombre de mi vida, porque sabía que un día llegaría. Así que es tuya, te la doy con todo mi amor y con la promesa de que nunca dejaré de adorarte”. En eso último se equivocó, se canso de mis malos ratos y mis malos hábitos, deje de ser impresionante. De repente no podía respirar, necesitaba un poco de libertad, que me alejara por un tiempo, que la deje en paz. Acabó refugiándose en su licenciatura. Y me selló la visa hacia un sitio llamado olvido, donde habitan la amargura y el desencanto.

Andrea insistió en que continuáramos como amigos. Yo tenía mis reservas y hubiera preferido no verla más, pero me intrigaba su juego. Todavía nos acostamos un par de veces, por semana hasta que me enteré que ya salía con alguien mas, alguien menos complicado que yo, en sus palabras. “No mames, Andrea, esas son chingaderas”, no me anduve con rodeos, “la única similitud que tengo con el, es que ambos somos gordos; pero a diferencia de el, no estoy acomplejado, ni pago por sexo”. Ella negó lo que era más que evidente. “Sólo es mi amigo y lo quiero mucho, pero nada más”, mintió. “¿Sabes cuál es tu problema? Que tú no sabes querer, sólo necesitas que le saquen brillo a tu autoestima. Y para ese cabrón sólo eres un trofeo”.

Cuando la conocí acababa de mudarse, jamas pudo superar el abandono de su madre e incluso pensaba en el suicidio. Inmediatamente se aferró a mí con desesperación. Y confundió la necesidad con eso que para ella era amor. “Tu gran problema es que no sabes amar, solamente buscan quien te adopte, para después decir que fuiste abandonada”, remarqué. “Te odio, Guillermo, de qué lugar crees que me rescataste para tratarme como a una puta”, estaba fuera de sí. Pude haberle dicho que para ser una puta no hay que trabajar en un lugar definido, que sólo basta con que te encante coger sin medida y con quien sea, pero mi cinismo no da para tanto. “Sabes qué, cuando te pones en ese pinche plan no escuchas, mejor me largo”, me di la media vuelta. Ella me sujetó del brazo: “Ahora te esperas y me escuchas. Yo te amé como nadie, te di lo mejor de mí, pero tu miedo a vivir conmigo pudo más, así que no iba a pasarme la vida esperando a que te cansaras”. Encendí un cigarrillo y conteste “Me esforcé por acostumbrarte a lo bueno, pero siempre te gustó lo corriente”, la bofetada la sorprendió. Me alejé sin decir nada mas. Ella sollozaba. No fue la última vez que la vi y después intento que reviviéramos lo nuestro; pero esa es historia de otras tardes.

El alcohol  y las drogas son probablemente de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido sacar mis fantasías pornográficas en la cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas, entonces el alcohol y los calmantes me gustan.

Ahora recuerda ¿Acaso no sufriste tanto la vez que aquella chica te rechazó. Es más, ni siquiera cuando aquella otra nunca más contestó tus llamadas y sólo alzaba el auricular para colgar.? Y no que más te ha dolió fue cuando te perdiste a ti mismo. Sí, aún recuerdas con nostalgia una de las etapas más felices de tu vida. Ahora se ha ido y todos los días te empeñas en recuperarla. Cambiaste y rompiste contigo mismo. Ya te habían dicho alguna vez que “duele crecer” y ahora lo estás viviendo en carne propia.

Ahora regreso a mi y te digo que me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Solía despertarme de una borrachera y había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas, casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me preguntaba: ¡Puta madre! ¿Cómo se verán mis pulmones? Pero no me gusta fumar después del sexo, no se complementan porque después de un excelente cogida no tienes los pulmones para inhalar humo.

A las mujeres yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo nunca están bien para ellas. Y cuando no siempre están con una histeria de preocupación y tengo de salir, agarrar un taxi e irme. A cualquier parte. Cualquier cosa menos otra mujer. ¿Adónde vas? te gritan. ¡A la chingada! Respondo. Hay un montón de mujeres solitarias allá afuera, son lindas y no lo saben. La mujer cree que es la única que el tipo con el que ella sale puede tener. Cree que no hay nada mejor para su pareja, que equivocadas estan

La ciudad es un monstruo grande y pisa fuerte tan lleno de voces, tan devorador de soledades. Y tú te sientes solo, ajeno a todo. Lo peor es que ese hueco no lo llenas con nada, porque te falta un elemento esencial: tú mismo. Y este pinche frío que abofetea en las madrugadas, he insistes en la mujer que te dejo, le dices que se ha ido sin adiós. Sabes que no volveremos a bailar, a reír juntos, estas que harto de recordar, harto estas de esa canción triste. Y ¿De qué te van a servir tantas excusas exigidas? Los ojos pueden mentir, pero eso no llenará tu vida.

¡Mírame! Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta llena de gente vitoreando algo. Los hombres más fuertes son los más solitarios. Nunca tuve tu fragilidad de pensar que una mujer me podía salvar: Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a coger y me lamerá las bolas, y me voy a sentir bien. No, eso no va a ayudar. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo encontrar. La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en un destapa caños que en el ser eterno. Los destapa caños hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya.

Estoy sentado tratando de contener las lágrimas, me he prometido jamás volver a llorar por una fémina, regresando a mi pasatiempo favorito: observar a la gente y su comportamiento cuales simios en el zoológico. Un niño me observa con curiosidad que en segundos se transforma en miedo, la gente piensa que estoy loco. Únicamente estoy solo devastado por los recuerdos.
Estoy sentado en el mismo gabinete donde te conocí, aquella vez que por primera vez tome tu mano y sentí tu nerviosismo, enciendo un cigarro y miro tu rostro, tu aire de inocencia después esfumado, es sonrisa tuya que siempre me contagio. Hoy solo eres un recuerdo, los autos pasan veloces a mi lado y los mejores momentos se estrellaron contra mi indolencia. Un policía se acerca, me pregunta si estoy bien, lo miro y le digo no, me han robado el alma. Me responde, que así sucede, pero nada mejor que olvidar una mujer que otra. Le respondo que no quiero saber nada de nadie, sigo mi camino. Me alejo, nadie tiene lo que necesito, me urge un abrazo y no hay nadie cerca que abrigue mi soledad.
Regreso a la oficina y miro con desgano por la ventana y quisiera encontrarte sentada, esperando por mí, eso no sucedió ni sucederá me responde mi otro yo, ese lado oscuro dominante en mi. Ella encontrara amor en otros brazos. Yo seguiré escribiendo historias tristes, porque me he empeñado en querer todo, estoy en proceso de sanación, intentando hipócritamente sonreír, hurgando en mi pasado para recuperar al muchacho que alguna vez soñó con querer conocer todo, enamorarse y tener lo que nunca tuvo. Hoy soy un naufrago de la posteridad, sin esperanza de que alguien me salve de mis insomnios, de mis noches de excesos, de llantos, de pensamientos mal sanos que cruzan mi cabeza. Me estoy extinguiendo, se me dinamito el carácter. Te echare de menos por más de mil años o tal vez por una semana. Y terminare escribiendo la historia de mi vida.

 

Si escuchas tus resacas quemarás todos tus libros, incendiarás los pésimos poemas que has escrito durante tus noches en vela. Y encontrarás metáforas en la mirada de un ciego y descifrarás la podredumbre en los discursos patrioteros. Si escuchas las resacas, te rodeará una multitud de recuerdos, te atacaran por el flanco más débil las nostalgias nunca aplacadas, esa asquerosa nostalgia de recordar lo que pudiste er. Y no habrá mejor revolución que convocar en la plaza a todos tus fuegos internos, esos que te hacen gritar, mientras te quemas, consignas contra tus propios silencios.

Si escuchas tus recuerdos te ahogaras con tus lágrimas en la penumbra de tus sótanos, perecerás de melancolía buscando un refugio, un hogar pues. Y las pesadillas sobrevolarán tu almohada. Y seguirás sintiéndote incompleto. Y esa inconformidad sabes que no te motivará a dejar la apatía para transformarte en una explosión en movimiento. Porque has descubierto que nada es suficiente.

Si escuchas tus resacas temblarás ante el desasosiego. Y serás más humano, acaso menos pendejo, pero también parte de este ejército que celebra poco y cuestiona todo. Y no creerás lo que dictan los noticieros, ni te engatusarán los que engañan al pueblo, como tampoco votarás por los cretinos que vacacionan en las Bahamas o mandan a sus hijos a estudiar al extranjero.

Si escuchas las resacas seguirás tus instintos, esa hostilidad podrá ayudarte a ordenar tus ideas, gobernar tus miedos y saldrás como cada día con la cara en alto para gritar a los cuatro vientos que tu honestidad no es falsa.

Si un buen día amaneces con un ejército de ansias, con una multitud de nervios, querrás que se agoten los peores días y las noches más ingratas. Y te mirarás en el espejo, hablarás a solas, enloquecerás otro poco, pero llegarás a la conclusión de que no hay nada mejor que seguirte cuestionando si el atajo que tomarás será el indicado. Si se acabaron los festejos oficiales, el despilfarro millonario, entonces que empiece la verdadera celebración, el despertar de los que carecen de todo, menos de esperanza y actitud, mientras en tu memoria habrá un desfile de interrogantes e inconformidades.

Si amaneces con resaca y la juntas con la mía, con la de tus amigos, las de miles de mexicanos, quizá no podrás pensar con claridad, acaso te sentirás vulnerable, pero estarás más sensible y te preguntarás si ha valido la pena aplaudir la fiesta de los que tienen el poder, de los que nos llevan al abismo, de los que sonríen porque creen que han hecho las cosas bien mientras el país se cae a pedazos. Porque simplemente podremos mirarnos por primera vez a los ojos y sentir cuan alejados hemos estado. Sabremos que no necesitamos estudiar en la misma escuela para celebrar la autonomía

Si amaneces con resaca sabrás reconocer que lo que vale verdaderamente la pena es la gente que no cree todo lo que dictan los noticieros. Si amaneces con resaca cuestionarás lo que hay que cuestionar, maldecirás lo que hay que maldecir y seguirás tus insultos.

Si escuchas las resacas entenderás con claridad que pese a la pésima educación y el escaso presupuesto para las becas, tú tienes el poder de revolucionar tu entorno. Y habrá que empezar por ser un mejor estudiante, un gran lector, un buen ciudadano, un tremendo solidario con quien esta en desgracia, un poeta que no se calle lo que nadie quiere hablar, aquel muchachito que no votará por los que no han sabido gobernarnos, la chica que no se conformará con cuentos de hadas, la señora que hará de sus hijos mejores seres humanos, el señor que trabajará horas extras para que sus chavos lleguen a donde él hubiera querido estar antes. Si escuchas las resacas, esas tan llenas de cuestionamientos, seremos una sociedad digna del reclamo, un ejército de voces que han aprendido a no guardar silencio. Si escuchas las resacas, valoraremos la felicidad de los normales, esos seres extraños, los que no tuvieron una madre loca, un padre borrachos. Los delicados, los sensatos, los finos. Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños, las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan y nos construyen, esos, los más locos que sus madres, los más borrachos que sus padres y más devorados por amores calcinantes. Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Sientes que todo se mueve, que una sacudida oscilatoria te hace dudar. Lo primero que dices es “está temblando” y miras hacia la puerta pero todo pasa tan rápido que tu ángel de la guarda ni siquiera tiene tiempo de alarmarse

Además ¿cuál es el problema? Si tu vida ha sido un constante derrumbe, un bombardeo que te ha dejado medio sordo, un tanto loco, totalmente destrozado. Ni para dónde hacerse, no tienes futuro alguno, no por nada te conoces al dedillo todas las líneas del Metro. Las canciones te han enseñado más sobre la vida que muchos maestros. La escuela sólo es un pasaporte hacia la realidad, una estancia temporal mientras encuentras tu mejor sitio o quizá el peor de ellos. Todas las canciones nos dicen algo, el sentido radica en buscar relámpagos que te iluminen, ciertas frases que te hagan mejor. Es curioso. Y sí, cuando eres joven, soñador y estúpido, buscas señales que te salven aunque sea temporalmente. El sonido de una alarma que te indique el camino hacia la salida de emergencia. Quizá no podrás escapar por siempre, pero te habrás salvado de los peores momentos. Cuando has crecido en la miseria, te rodean jaurías de miedos, manadas de incertidumbres, así que buscas las armas que te ayuden a sobrevivir a los malos tiempos, a tus enemigos más recurrentes, al abandono en que te han dejado, a la indiferencia de tus padres, al desamor al que te han condenado. Y sí, crecerás incompleto, carente de afectos, pero intentarás no volverte un idiota, un permanente fracaso o un triste derrotado. Esta noche al igual que tu, no tengo ganas de callar.

Los amigos se van, los hermanos de palabra se quedan. Me he dejado juzgar por encuentros fallidos, tiempo que se quema. Jóvenes cansados, viejos que esperan. Vagar por la ciudad sin sentirse mejor y ese miedo sin fin y ese puto dolor”. La confusión puede vivir contigo mucho tiempo y nadie tiene un instructivo que te ayude a construir una mejor versión de ti mismo. Tienes que arreglártelas para sentirte vivo, para no crecer como un ser sin voluntad propia, sin ideas que valgan la pena, asentir solo para esperar la aceptación de tu familia, que sabes muy bien que no le interesas un carajo, le importa mas lo que piensen de ti, que tu puta felicidad.. Los amigos te pueden influenciar de la mejor o la peor manera, ya tú sabrás elegir lo que más te convenga. Y te equivocarás mil veces, tropezarás más de lo que deseas, pero es la única forma de comprender que el mundo no está en tu contra, que tu destino no está trazado por un dios mezquino o arrogante. Sí, es verdad que en ocasiones te sentirás abandonado en el traspatio, igual que la bicicleta de tu infancia, pero tú eres mucho más que fierros retorcidos u oxidados. Tienes un corazón en el que habita el fuego interno, el coraje que no te dejará darte por vencido. Y cerraras los puños y postergarás las lágrimas, te aferrarás a ese sentimiento que lucha por ser valorado, aunque haya gente que se empeñe en manipularte. Lo relevante es desgarrarse la voz, levantar la mano, no quedarse callado, defender tus ideas, atesorar tus principios, ser honesto contigo mismo y el crítico más duro de tus defectos.

Dejarás amigos en el camino y te deseo que te detesten, eso sera una señal de que eres mejor que ellos, dejaras algún amor imposible, muchos recuerdos que un día se extinguirán, un álbum de fotos que no querrás volver a mirar, pero guardarás las canciones, los libros que han sido como faros que te han resguardado del naufragio. Quizá no habrá muchas victorias por celebrar, pero un día llegarás a tierra firme con la convicción de haber sobrevivido. Y los poemas te hablarán al oído y las musas se rebelarán ante tus desvaríos. Y no, seguramente no serás el mejor tipo del mundo, pero de menos serás coherente contigo mismo. Y tendrás derecho a mirar a los ojos y odiar a los corruptos y maldecir a los cretinos. Y serás solidario con los desprotegidos y crítico con los poderosos. Y no volverán a engañarte más porque has crecido a la sombra de falsas esperanzas y discursos podridos de gente más gris o sin escrúpulos. Y cada mañana te levantarás con ganas de que este país encuentre un revulsivo, pero convencido de que la mejor revolución empieza por uno mismo. Y sí, como dictan los himnos verdaderos, hay que desgarrarse la voz y gritar que tú no estás podrido. Y eso no quiere decir comunista, ni socialista, ni anarquista, quiere representar esa hermosísima ideología de hace unos años, que hacía creer que esta infamia de mundo podía cambiar de alguna manera”. ¿Y por qué escribo todo esto? Sólo es una declaración de principios. Además hay días en que mi humor no está para carnavales. Y encima de todo, mis ideas nunca son una parvada de palomas mensajeras, sino que revolotean en mi cabeza cual bandada de murciélagos que necesitan la noche para sentirse vivos, aunque sea por unas horas.

Un secuestrador mutila la tranquilidad, un violador se masturba pensando en su próxima víctima, el sicario se persigna frente a la Santa Muerte, nuestros políticos comen en restaurantes de lujo, y nos encomendamos a un San Judas de yeso que parece indiferente. La muerte ya no es sólo una nota roja de Sinaloa. La violencia se pasea por nuestras calles. Y la policía se agazapa en su indiferencia. El presidente está rodeado de ineptos. Un taxi pirata espera para conducirte al infierno. Una bala perdida se incrusta en un dolor cada vez más cercano, cada vez más próximo. Esta ciudad está en llamas. Y no hay forma de contener el fuego. Nos roban la esperanza, nos condenan al encierro, a clausurar las puertas y encender veladoras para encontrar calma en los rezos. Tus hijos no pueden jugar en las calles. Un autobús es asaltado a medio camino. Los ángeles de la guarda no se dan abasto. Este país se llena de sangre, de temor, de ciudadanos corruptos, de ambición desmedida, de matones sin remordimientos, de narcogobernantes, de judiciales sin escrúpulos, de pederastas que se salen con la suya, de millonarios que lucran con la pobreza, de tantas y tantas cosas que nos agobian cada día. No hay soluciones a la vista. Y el pesimismo se vuelve nuestro inquilino. El gobierno subsidia la gasolina, cuando debería de impulsar el libre comercio. Sobran cantinas, faltan escuelas, escasean las oportunidades. Hay vacantes en el purgatorio. Esta crisis nos está asfixiando. No se puede ser optimista en un país de ladrones, de banqueros sinvergüenzas, de funcionarios que son empresarios. No, en definitiva, no hay esperanza para los que ganan el salario mínimo, para los jóvenes que trabajan y estudian, para los abuelos que se emplean de cerillos, para los niños sin fiesta de cumpleaños, para las madres solteras, para los que viajamos en Metro, para los que viven en calles que se inundan. No hay espacio para la ternura. La mayoría nos quedamos sin sueños y coleccionamos pesadillas. No, esta pinche crisis apenas empieza. No quiero sonar fatalista, pero no veo las salidas de emergencia.

Tuviste que dejar la escuela. Tu madre ya ni se peina. Tu padre ya se resignó a su destino o de plano se largó de la casa. Te quedaste sin sonrisas. Envidias la suerte ajena. Trabajas en lugares que detestas. Chatear no compensa tus vacíos. Tienes amigos virtuales que están más solos que tú. Quisieras escapar de tu miseria. Demasiado ruido allá afuera. Demasiado oscuro acá adentro. Pasas mucho tiempo en la calle. Aborreces tu casa. Sobran atajos hacia la nada y no tienes mapa para encontrar un camino. La confusión vive contigo. Tus pantalones de mezclilla son demasiado viejos. Tu madre te exige dinero. Tú sólo quieres abrazos. Ella tiene lo que quiere, sin dar nada a cambio. Una canción patética de los Cadillacs te hace compañía. Ni siquiera te quedan lágrimas. Te encierras en tus pensamientos. Nadie parece entenderte. Los amigos son tan inmaduros y sin embargo te aferras a ellos. La lluvia inunda tus pesares. Los relámpagos presagian más tormentas. Te ahogas en silencios. Eres demasiado joven para entender este mundo. Nadie te enseñó a crecer, ni te dio alas para alcanzar tus sueños. Tu celular no tiene señal. Y necesitas escuchar un “te quiero”.

Necesito una señal. Me siento extraviado. No me gusta la lluvia. Tengo demasiadas páginas en blanco. El cansancio no me deja pensar con claridad. Mi corazón se está oxidando. Odio demasiadas cosas y todo me parece inútil. Estoy igual de solo que un perro en el antirrábico: desesperado, con la mirada desahuciada, rodeado de semejantes que tampoco pueden hacer nada. La inspiración escasea. Demasiadas hojas en blanco, cero poesía en las metáforas, pocas ganas de escribir. Y cuando lo hago las palabras suenan huecas. Puedo ser patético y no darme cuenta. Intento parecer cuerdo y la locura me atormenta. Soy muy funcional en un mundo que gira demasiado raudo. Cuántas ganas de estar en la cama sin hacer nada. Tantos deseos de abrazar a alguien que nunca está en mi casa. El silencio es la banda sonora de mis madrugadas. Una canción de U2 amansa a mis demonios, antes de pensar en pendejadas. Mis fobias son un ejército. Mis filias se cuentan con los dedos. Simpatizo con los débiles. Detesto mi cara en las mañanas. Me peino con los dedos. No me gusta esta mirada. Creo que soy bipolar y mis motores truenan si me esfuerzo. Necesito vacaciones. O tal vez cambiar de oficio y volverme misionero. Mejor no. Soy un pésimo predicador. Y no te asustes si me río como un loco, es necesario que mañana sea así, será la vida que siempre nos pega un poco. Y por aquí sigue lloviendo. Y el agua escurre en las ventanas. Y la gente tiene más prisa que de costumbre. Y las calles se volverán a inundar esta tarde.

Pocas películas tan inquietantes han quedado en la memoria fílmica de las últimas décadas como ésta, realizada por el prometedor director Demme. Revitalizante proyecto de film policial y de suspenso salido de una novela de Thomas Harris. El film habría de quedar como uno de los más precisos y a la vez atípicos acercamientos al género, justamente en una época en la que las intrigas alrededor de los serial killers norteamericanos habían caído en la rutina más insulsa. Clarice Starling, la protagonista de esta pesquisa, habrá de enfrentarse y revelarnos a la vez a la entidad más compleja y lograda de la maldad en los últimos años: el doctor Hannibal Lecter. Acaso la presencia clave en esta mirada sobre los miedos y temores de la rauda y mediatizada era actual. La ultraconservadora Norteamérica ha sobrevivido a pesar de los mensajes de paz y amor. Y ahí están los retorcidos engendros de su intolerante idiosincrasia como efecto secundario de su medicina mal administrada. El doctor Lecter se presenta como embajador de esta minoría no tan lejana para decirnos que la soledad y el dolor que los engendran están ahí subyaciendo debajo de los mismos cimientos donde se forjó la gran nación y familia americana. Brillante policial (a su modo) y a su vez expresión misma del gran mal en la tierra de la libertad. Jonathan Demme habría de suscitar una gran influencia (como todo clásico) con este film, realizado para satisfacer en un principio las reglas del género. Material preciso para la rutina ya establecida fue reutilizado con gran osadía para potenciar esa visión de una no muy escondida versión siniestra de la sociedad de primer orden. De aquella que contempla gospel shows, incapaz de creer que la monstruosidad pueda estar presente con todo su estallido y escándalo dentro de la belleza de su mundo de jardines de ensueño y reglas precisas, de amor y solidaridad. La Norteamérica en la que acecha el asesino Bufalo Bill no es la gran y caótica megalópolis sino la pintoresca, aquella de bonitas casas rodeadas de pinos, donde todos se conocen y se cuidan, ahí donde aparentemente las buenas costumbres y la religiosidad han triunfado y encontrado su santuario. Pero son estos escenarios los que paradójicamente han alimentado el imaginario del crimen.

El representante de esta otra nación hace de la diplomacia su instrumento para alcanzar sus objetivos, nos hace conocer sus poderes de destrucción a través del uso de algo tan civilizado como la comunicación. Es la maldad adaptada a nuestros tiempos. La película, gracias a la extraordinaria actuación de Anthony Hopkins, hace de Lecter la expresión más lograda del mal que se haya visto en mucho tiempo. Con toda flema, acomete este duelo de inteligencia con Clarice (Jodie Foster notable, no dejándose apabullar por el siniestro personaje). En este intercambio es en donde radica lo más interesante de la cinta, toda una discusión por indagar la fuente misma de esta retorcida comunión que cobra cada vez más víctimas (tal vez no inocentes del todo). Así la película se desarrolla entre este enfrentamiento intelectual y el enfrentamiento aún vano con el asesino que va dejando las huellas (capullos) a cada paso de su proyecto (transformación a flor de piel) solo para dejar escandalizados y sin poder de respuesta a las fuerzas del orden al más alto nivel. La tensión creciente se debe a esta talentosa y comprometida introducción dentro de lo intangible, el horror y la vileza absoluta que apenas se manifiesta por imágenes escamoteadas de lo que alguna vez fue un ser humano, o su autopsia en la que las sensaciones de indignación o repulsión se manifiestan más en los rostros de sus testigos que en la contemplación de la corrupción total del ser. De ello se encarga en recordarle el irrepetible doctor Lecter para dejarla pensando que una victoria en esta inconmensurable lucha, no es nada.