Estoy sentado tratando de contener las lágrimas, me he prometido jamás volver a llorar por una fémina, regresando a mi pasatiempo favorito: observar a la gente y su comportamiento cuales simios en el zoológico. Un niño me observa con curiosidad que en segundos se transforma en miedo, la gente piensa que estoy loco. Únicamente estoy solo devastado por los recuerdos.
Estoy sentado en el mismo gabinete donde te conocí, aquella vez que por primera vez tome tu mano y sentí tu nerviosismo, enciendo un cigarro y miro tu rostro, tu aire de inocencia después esfumado, es sonrisa tuya que siempre me contagio. Hoy solo eres un recuerdo, los autos pasan veloces a mi lado y los mejores momentos se estrellaron contra mi indolencia. Un policía se acerca, me pregunta si estoy bien, lo miro y le digo no, me han robado el alma. Me responde, que así sucede, pero nada mejor que olvidar una mujer que otra. Le respondo que no quiero saber nada de nadie, sigo mi camino. Me alejo, nadie tiene lo que necesito, me urge un abrazo y no hay nadie cerca que abrigue mi soledad.
Regreso a la oficina y miro con desgano por la ventana y quisiera encontrarte sentada, esperando por mí, eso no sucedió ni sucederá me responde mi otro yo, ese lado oscuro dominante en mi. Ella encontrara amor en otros brazos. Yo seguiré escribiendo historias tristes, porque me he empeñado en querer todo, estoy en proceso de sanación, intentando hipócritamente sonreír, hurgando en mi pasado para recuperar al muchacho que alguna vez soñó con querer conocer todo, enamorarse y tener lo que nunca tuvo. Hoy soy un naufrago de la posteridad, sin esperanza de que alguien me salve de mis insomnios, de mis noches de excesos, de llantos, de pensamientos mal sanos que cruzan mi cabeza. Me estoy extinguiendo, se me dinamito el carácter. Te echare de menos por más de mil años o tal vez por una semana. Y terminare escribiendo la historia de mi vida.
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