1. Jamás sonrías con una mujer. Sonríes y en el acto ella piensa que ya te tiene en sus manos. Jamás te sonrías con una mujer y mucho menos si te falta un diente.
2. Jamás presentes una mujer con otra siempre terminan arañándose o enamoradas. Ahora si las dos andan de nalgas por ti, entonces no nada mas preséntalas sino diles, suplícales que se den un besito. Que lo hagan por ti. Toma sus manos e insísteles. Te vas a sorprender del resultado neta.
3. Jamás le preguntes a una mujer que quiere de beber y menos si quiere beber; ordénale su trago. Si te dice que no quiere o que no bebe, dile que no importa que esa copa en la mesa es solo un adorno. Y cuando se descuide, bébetela; aunque lo más probable es que termine cediendo y que se encante bebiéndola, hasta otra va a pedir. No se te ocurra decirle “Te lo dije”
4. A las mujeres les fascina ser niñas, evócales su niñez; por ejemplo juega con ella a las adivinanzas, adivínale de que color trae la tanga.
5. Cuando te despidas de una mujer, pídele permiso para besar su segunda uña de su dedo derecho, si tienes suerte y dices que si, arrodíllate quítale su zapato y bésale la segunda uña de su pie derecho
6. A las mujeres les emociona evocar a su padre. Dile que tú eres su papito y que haga contigo lo que quiera. No abuses de esta regla, enséñale a dosificar la excitación.
7. Cuando conozcas a una mujer casada que te guste y este con su marido (siempre sabe uno si esta con su marido), no la mires a ella, míralo a el, y si es posible hazlo sentir bien, elógialo, va a doblar las manitas. Así podrás cogerte a su mujer. Esta regla no funciona para aplicarse dos veces, ya sea con el marido o con la mujer.
8. Aunque no te guste el postre, comete uno delante de ella y chúpate el chantillí
9. Cuando no te puedas venir dile: “Ya me decepcionaste, mañana te explico” Y al día siguiente dile que no quieres hablar de eso, de todos modos no te iba a entender.
10. Todas las veces que estés mas caliente, cuando ella crea que las cosas van mejor que nunca, bosteza
11. Dile que vas a cometer con ella, la mayor vulgaridad que un hombre puede cometer con una mujer y entonces bésale la punta de la nariz
12. Sorpréndela cuando este orinando, dile que jamás la viste más hermosa, insístele hasta que las nalgas se le marquen
13. Nada le disgusta tanto a una mujer como que le cambien el nombre por otra mujer que tú conoces
14. Nada alegra mas a una mujer que en el momento del orgasmo se le diga “Te amo” Nunca se lo digas

En la escuela me enseñaron matemáticas, geografía y a permanecer callados. Ahora me explico por qué el sistema siempre se sale con la suya y a nadie parece importarle. Pasé muchos años en las aulas y nunca me explicaron que la vida es una ecuación infinita. El álgebra no sirve para calcular la tristeza y sí para multiplicar la esquizofrenia. Nunca he sabido para qué chingados sumamos X con Y, pero presiento que todos los teoremas son pretextos para entretenernos mientras nadie crea nada. Tuve maestros durante casi dos décadas y resulta que no aprendí casi nada. Ojalá nuestro futuro fuera negro, pero que en este país el vacío será eterno.

Un buen día estás sentado frente a la pantalla, comiendo en vez de pensar en el precio del mercado o en los niveles de violencia que parecen rebasarnos, te quedas mirando fijamente al monitor buscando apagar tu cerebro que tan poco uso le has dado. Y entonces lo comprendo: la TV te puede convertir en ser inmóvil. Sólo atinas a cambiarle de canal y los infomerciales te recuerdan que nunca falta un loco capaz de comprar las cosas más inútiles, como un gimnasio portátil o una fina colección de relojes de bolsillo. Aquí no pasa nada. Todas las noches es lo mismo. Y no te mueves. Sólo dejas que el brillo de la pantalla te llene el rostro y el cerebro. Y peor aún deseas más basura para tu cerebro, desechas el cambio porque si no, no encajarías con el resto de tus amigos.

Salgo a fumar un cigarro, una mujer me mira con ojos que ya no brillan. Un anciano duerme soñando con su infancia. Aquel policía me observa con más desconfianza que furia. Este país ya no nos pertenece. Nuestro es el suelo, el aire, los paisajes y el cielo. Todo lo demás tiene dueño. El teléfono, ese auto último modelo, el condominio, la escuela, el semáforo, la electricidad, el agua, la autopista, todo, todo tiene dueño. Y debemos pagar por ello, aunque a veces el precio no sea el correcto. Somos un ejército de bárbaros y queremos venganza y destilamos rencor y odio, pero poco hacemos para ser mejores, para morir felices. Nos faltan arrestos y nos sobran insultos. No tenemos valor para buscar un cambio. Es más cómodo ver la tele, aplaudir a los que bailan, corear los goles de tu equipo favorito, ignorar la violencia en el país, comentar el avionazo del que todos hablan, fingir dolor ante las desgracias ajenas, sentir lástima por los niños hambrientos, destapar otra cerveza o suspirar por un aumento de sueldo. Los que tienen el poder, lo quieren mantener. Alguien está manipulando nuestros sueños o las pocas esperanzas que nos quedan. Ojalá que ese poder se pudiera repartir, pero detestas la responsabilidad y amas tu estúpido orgullo, como un león de circo o un oso amaestrado. Ojalá que no te dejaras engañar por los mentirosos, pero eres el primero en seguirlos y en pedirlos. Ojalá cada día nos nazcan mejores ideas o al menos un nuevo entusiasmo para agarrar un libro, para informarnos, para que dejen de vernos la cara. Ojalá cada noche logremos dormir tranquilos, como los hombres buenos, como las madres nuevas, como quien cree que la vida todavía vale algo la pena. ¿Eso es lo único que queda? Esperanza. Somos legión y llegará el día en que nadie podrá derrotarnos. Disculpa si he sido un poco duro, pero es que me desespero porque veo una sociedad sin alma y tengo la impresión de que las cañerías gruñen como las tripas de un pordiosero. A lo mejor sólo pasa que amanecí con resaca.

A lo mejor soy muy ingenuo pero aun no entiendo por qué tanto ruido e indignación por las políticas antiinmigrantes que de vez en vez los EE.UU. emiten. Todo mundo se está pronunciando en contra. Entiendo que criminalizar a inmigrantes ilegales y comenzar a parar a paisanos porque nada más tienen cara de no traer visa puede ir contra los derechos civiles, sólo si se pasan de lanza. Por otra parte que los gringos digan que está bien y que no está bien en su territorio es su derecho.

No se supone que un país es como una casa, el dueño de la casa debe tener el derecho de aceptar a quién deja entrar a su casa y a quién no, así de simple. ¿Acaso ustedes dejan entrar a cualquiera a su hogar? ¿Acaso le deben preguntar a su vecino si pueden colocar una barda en el patio, si pueden pintar una recámara de un color o las reglas que les pondrán a sus hijos? Yo creo que no.

Creo que si la política exterior se viera como la relación de vecinos de casas todo sería más sencillo. Por ejemplo los EE.UU. son una casa que coloca cercas para que los vecinos naquitos –es decir nosotros- no nos crucemos a su patio y a sus recámaras, pero los muy cabrones nos dejan los sábados la puerta del jardín entreabierta para que les saquemos la basura y podemos sus rosales. Así ha sido la relación. A nosotros no nos alcanza el sueldo y no tenemos a veces qué darle de comer a nuestros hijos, entonces dejamos que se vayan a hacerle el quehacer al vecino y así de paso nos traen unos pesos para completar para el chivo.

Pero el patrón tiene la posibilidad de cerrar la puerta de su casa cuando quiera y hasta decirnos que no nos quiere dar chamba, ya sea para quedar bien con su esposa en época de elecciones, porque le quiere dar esos centavos a sus hijos de domingo o porque no quiere su esposa que piense que le interesa la chacha.

Nosotros nos indignamos porque nos amenazan con agarrarnos a madrazos si nos saltamos la barda para entrar a una que no es nuestra casa. No olvidemos que la casa no es nuestra aunque por momentos nos queremos sentir la patrona.

Pero aún hay más. Nos quejamos del vecino cuando nos quiere impedir pasar a su jardín a robarnos sus manzanas y a limpiar su alberca, nos indignamos cuando nos tratan como chachas y queremos tener los mismos derechos que la señora de la casa, somos una jarritos de Tlaquepaque ante sus regaños de patrón.

Mientras, por nuestro patio pasan otros vecinos que también quieren ir a talonearle con el vecino de los billetes, y nosotros que nos quejamos porque a veces el patrón nos saca de su casa y nos pone reglas, nos pasamos de lanza con los otros vecinos. Nuestros hijos que no llegaron ni a ‘sesto’ de primaria los andan cazando para bajarle el poco varo que traen y si son mujeres les bajan hasta los calzones y les cobran si quieren pasar con el vecino. Pero nosotros nos indignamos porque el vecino ricachón no nos da una escoba nueva. Si seremos hipócritas.

Desafortunadamente nos tocó ser el vecino pobre con los EE.UU. y nos tocó estar menos jodidos que otros países. Pero siempre yo hago el ejercicio de evaluar las relaciones internacionales con casas. Casi siempre aplica. Y a nadie he escuchado indignado porque no podemos poner reglas en nuestra propia casa.

¿No es sencilla la política exterior? Por eso digo que los gringos tienen todo el derecho de poner sus reglas aunque a nosotros no nos gusten, y nosotros podemos poner la nuestras que no les gusten, pero desgraciadamente no queremos que se enojen porque cuando vienen a descansar a nuestros patios nos dejan el varo que no podemos ganar de otra forma.

Bueno también hay otra opción: podemos trabajar más para ganar más, mandar a nuestros hijos a la escuela y prepararlos, hacer un negocio familiar para darles trabajo sin necesidad de que vayan a hacerle el jardín al Señor, pero por desfortuna es más fácil que vayan a cortarle el pasto.

Por cierto hay diferencias entre el muro entre los gringos y nosotros y el muro de Berlín. Uno es para que no entremos y el otro era para que no salieran de manera libre. Por favor no comparen y dejen de mamar.

Soporto, resisto sin arrástrame, cada unos de los golpes que las circunstancias arremeta en contra mia. Con los puños lacerados sobre el piso me, ensangrentado me encuentre. La oscuridad no pudo apoderarse de mí, no más, la melancolía y soledad siempre será una gran parte de mi vida. Tengo que ver directamente a los ojos incandescentes de la vida, siempre sobreviví y sobreviviré de eso no tengo duda. Por más que sangre los demonios de mi pasado por nadie más que yo, estoy por encima de todo. La arrogancia es lo único que tengo, porque es lo que me he ganado con la misma sangre derramada en cada lagrima, en cada acción simplemente purgo mis demonios; porque así infectado con la insanidad me siento vivo, no trato de evangelizar a nadie simplemente expresar lo que mueve: el odio, el odio a todo y que este, junto con mi infección se expanda en un umbral de raciocinio, porque sé que no soy el único que camina bajo la lluvia, cuando todo está perdido jamás se rinden. No creo en la unicidad per se. Es momento de levantarse, relamerse las heridas, seguir y aniquilar a todo aquel que se interponga en mi deseo, porque he sido y soy grande, arrogante, mejor que tu y todo lo que conoces, y mi odio hacia lo que representas me deja un halo de indiferencia para demostrarlo, simplemente tomar, arrebato lo que me pertenece, que es lo que necesito, si existe alguien con quien compartirlo adelante si no, no derramare un suspiro mas. Salvarme a mí mismo de mis memorias podridas, sin rendirme por completo a la oscuridad, más bien aliarme a ella. Por esto y todo lo demás simplemente soy mejor que tu.

Otra vez la maldita jaqueca. Así como si un cuervo revoloteara dentro de su cabeza. Así se siente Adriana todas las tardes, desde hace seis meses. Desde la ventanilla del microbús, rumbo a Indios Verdes, ella observa los nacimientos que han instalado sobre Paseo de la Reforma

Apenas pasan de las seis y ya está oscuro, así que la avenida luce muy navideña con su iluminación colorida. Adriana no comparte el asombro de los demás, ni su tranquilidad o su alegría. De hecho, la Navidad la deprime y no tiene ganas de volver a cenar pavo, ni elegir regalos, ni aprovechar las ofertas de Suburbia. Mientras el microbus está detenido ella observa unos Reyes Magos de yeso, luego mira un borrego que parece moverse. Entonces recuerda que de unos días a la fecha ella sueña con borregos que son atacados por una jauría de perros, pero no ha podido descifrar el significado.

Será que la angustia le hace sentir más vulnerable. Este año ha sido fatal para ella. Su marido la dejó apenas un año después de casarse. Le queda el consuelo de que no tuvieron un hijo, sino qué iba a hacer el pobrecito sin su padre, justifica ella. Adriana trabaja como secretaria en una agencia de viajes. Paradójicamente no ha viajado a ningún lado desde que la contrataron. Hasta la luna de miel tuvo que cancelar porque su suegra se enfermó en plena fiesta, pero a los dos días ya estaba repuesta. Qué miserable es el matrimonio cuando la suegra lo quiere gobernar todo. Desde que se conocieron se odiaron. Adriana no soportó que la señora se inmiscuyera en todo. Chocaron en el mismo instante en que la doña le dijo que no usara pantalones tan ajustados, porque ella no iba a permitir que su hijo consentido anduviera con una lagartona.

Y el baquetón de su esposo no hizo nada para remediarlo. “Entiéndela mi vida, es que mi mamá es muy franca; así que no lo dijo para ofenderte”, trató de abogar el muy desgraciado. Pero total, ya para qué lamentarse. No vale la pena. Como no tendrá vacaciones, Adriana está pensando seriamente en renunciar a su trabajo, porque sólo le dan ganas de quedarse tirada, inmóvil, mirando cómo parpadean las luces del arbolito, acariciada por el sopor de la melancolía. Su vida es igual de monótona que un televisor apagado, igual que un Santaclós desempleado en el verano o un trabajador sin aguinaldo; tan simple como las pinches canciones de Arjona.

La Navidad es un carnaval y ella ni siquiera entró al intercambio de regalos con sus compañeras. Ojalá que Santaclós le regrese las sonrisas cristalinas, la mirada radiante, esa belleza opaca que trata de ocultar con exceso de maquillaje. Ojalá que su corazón deje de sentirse igual que un pavo congelado. Ella no quiere, ya no, sentirse igual que una niña sin Reyes Magos. Y seguro se emborrachará en Nochebuena y terminara en cama con uno de sus amigos para tratar de engañar a la soledad.

Antichrist (2009)

Él (Willem Dafoe) y ella (Charlotte Gainsbourg) comparten la ducha en un encuentro íntimo que deriva en la unión de sus cuerpos. Todo está en una cámara lenta imposible, sólo permitida por equipos de alta velocidad utilizados generalmente en documentales sobre la naturaleza, relación de tanta osmosis con la película que inquieta. La pareja se traslada hacia su habitación donde continúan el coito. Los rostros de placer sólo son interrumpidos por el plano de un monitor de esos que avisan la actividad sonora de los bebes y que mantienen alerta a los padres. Aquel dato nos traslada hacia el cuarto del pequeño, que ha despertado y sale de su cuna

El pequeño ha llegado al portal de la pieza de los padres y los ve fornicar. Su libido no titila ante tamaña muestra de amor, sólo ve a sus viejos moverse, quizás por eso abandona el recinto. Él y ella siguen su galope hacia el orgasmo e ignoran que la criatura ha subido a una mesa para obsesionarse con el paisaje nevoso que deja ver la ventana que ha abierto. Mira hacia abajo, y aquel blanco cristalino de la nieve lo llama a dormir, lo llama a revolcarse como lo hacen sus padres. Quiere jugar y se lanza. Mientras cae, ella entra en clímax, y tras su muerte, ella consigue el orgasmo.

Esta escena editorial, sin palabra alguna y en cámara ultra lenta, nos introduce a la experiencia que resulta ser Antichrist (Lars Von Trier, 2009), una película comprometida con su discurso. Valiente. Y que sacrifica sus expectativas comerciales por lograr su completa expresión; que no le teme a la condena y que reivindica su amor por las imágenes, transformando su espíritu pornográfico en una espada de lucha contra lo que ataca, ayudadándose por su amor explícito por el arte.

Con cada película que estrena, Lars Von Trier pretende llamar la atención sin importar que piense uno de ella, y asi pasá con su mas reciente obra; Antichrist, película estrenada en el pasado festival de Cannes y que como cada cinta del director Danés ha dejado su huella a los miles de asistentes.

Algunos la nombran como una clásico del cine, mientras que otros afirman que Von Trier está más loco que nunca, dejando ver en está película su inalcanzable ego, y es por esto que entre críticas divididas, Antichrist no es una película para todo el público. La película estuvo promocionada como una cinta netamente de horror, grosso error, ya que esta película encaja perfectamente en lo que es el horror psicológico, género en el que Von Trier demuestra desenvolverse perfectamente. La historia se desarrolla cuando después de la muerte de su hijo, Nick, una pareja de esposos se ve envuelta en la peor de sus crisis, cuando la mujer experimenta dolor, temor y depresión de la que no puede escapar, es por eso, que el esposo la lleva a una pequeña cabaña en lo más profundo del bosque para acabar de terminar con todos los miedos que inhabilitan a su amada esposa. Y así se desarrolla Antichrist, mediante cuatro capítulos llamados “Dolor” , “Sufrimiento”, “Desesperación” y “Los Tres Mendigos”, Von Trier nos hace testigo de que no hay peor mal que la naturaleza humana, haciendo énfasis en el misoginismo, punto clave de la película. Antichrist juega con un desarrollo lento y pausado, en el que introduce a sus portagonistas, como ya lo hemos visto en sus films anteriores, en las más aterradoras de las pesadillas.

Antichrist propone que hay un pequeño ser anticristiano en todos nosotros. Que nuestra naturaleza proviene de lo salvaje de la naturaleza, que en film es tratada como La Iglesia del Mal, de donde vienen todas nuestras acciones instintivas. Nos dice que la naturaleza humana es completamente incompatible con la moral cristiana. La bondad no es parte de nuestro componente genético, sino que estamos más asociados al lobo, al ave rapaz, que caza y destruye para vivir.

El ritmo que lleva la película, es algo que pocos actores pueden mantener, es por eso que la elección de dos grandes y talentosas estrellas como Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg han sido uno de los castings más acertados que he visto en una película. Willem y Charlotte son los únicos personajes y protagonistas de Antichrist, así como también responsables de llevar todo el peso de la cinta en sus hombros. Sabemos que Willem Dafoe, es un actor veterano y con un curriculum lleno de buenas interpretaciones, que aunque a pesar de toda la fuerza de su personaje, su coprotagonista le roba la pantalla. Charlotte Gainsbourg ganadora del premio a Mejor Actriz por este personaje en Cannes, prácticamente se come la pantalla, su interpretación es asombrosa y aunque en un principio parezca una actuación “normal”, en la última media hora brilla con luz propia, ya que pasa de un estado a otro sin llegar a los excesos ni sobreactuaciones.

Antichrist, es la muestra clara de que Lars Von Trier no se equivoca a la hora de exprimir sus personajes femeninos, lo demostró con Björk en Dancer in the Dark, luego lo hizo con Nicole Kidman en Dogville y ahora Charlotte Gainsbourg se une a esta lista.

Nunca antes me había maravillado con un prólogo tan bien hecho, desde el inicio de la película vemos como cada escena, cada nota, cada tono, cada movimiento está tan cuidadosamente cuidado para que encaje a la perfección en esta escena, que a la vez es la mejor de toda la película, es como una pequeña obra maestra, en donde Lars Von Trier, ese autoproclamado genio demuestra toda su inteligencia e ingenio. Así como ese hermoso prólogo, hay muchas escenas, no tan impactantes como esa, pero llenas de una bella fotografía realizada Anthony Dod Mantle. La dirección es sublime y te mete de lleno en los más profundo del horror psicológico, con dialógos acertados y una cámara que desafía la censura, mostrándonos escenas explicítamente sexuales y uno que otro gore, del cual nos hace parecer lo orgulloso que está Von Trier con su film, una cinta muy suya y con la que hace lo que se le dé la gana.

En definitiva, Antichrist no es una película para todo el público, no es una película para todos los gustos y lo más importante no es producto de Hollywood. Si no conoces el tipo de cine de este director lo más probable es que no te guste la cinta, pero si ya has experimentado con su filmografía esta es una película que no aunque no te guste, tienes que ver. Antichrist habla del miedo, la locura y la maldad entre otros temas, su crudeza, su última y perturbadora media hora y su total honestidad, son los puntos claves de esta cinta, en donde un gran Willem Dafoe y una espléndida Charlotte Gainsbourg nos muestran lo que es actuar de verdad. Una cinta que es mejor no ver con altas expectativas pero que apesar de cualquier conclusión que saques al final, muchas, muchas de sus escenas se quedarán grabadas en tu mente.